El Puente Alejandro III en resumen
Al conectar el Hôtel des Invalides con la avenida Winston-Churchill, flanqueada por el Petit y el Grand Palais, el Puente Alejandro III sorprende por su elegancia y el paseo que ofrece, un punto de encuentro habitual para parisinos y visitantes. Declarado monumento histórico y parte del conjunto de las orillas del Sena inscrito en el Patrimonio Mundial de la Unesco, se ubica entre los prestigiosos distritos 7 y 8 de la capital de Francia.
Inaugurado durante la Exposición Universal de 1900 por el Presidente de la República Sadi Carnot, en presencia de Nicolás II de Rusia, hijo del zar Alejandro III que da nombre a la estructura, el puente simbolizaba la amistad franco-rusa. Construido en acero moldeado ante la imposibilidad de realizar una estructura suspendida, fue objeto de numerosos retos técnicos debido a su gran luz, con 160 metros de longitud, y su escasa altura.
Es una obra maestra de la arquitectura que cuenta con un arco único de 107 metros, diseñado para permitir el paso de las embarcaciones fluviales. Aunque originalmente tenía un tono verde pardo, con el tiempo ha adquirido un color gris perla. Estas tonalidades contrastan con el brillo de sus 4 estatuas de bronce llamadas las Renommées (las Renombradas). Situadas sobre sus pilares de entrada, representan las artes, las ciencias, los combates y a Pegaso. Destacan también sus numerosos elementos decorativos, con esculturas que evocan episodios clave de la historia de Francia, como la Edad Media, el Renacimiento, el reinado de Luis XIV o la época contemporánea, junto a figuras más abstractas como leones, niños, el amor o ninfas.
Al caer la noche, sus 32 candelabros se iluminan y aportan un ambiente singular al paseo. Como detalle curioso, bajo el puente se encuentra el Faust, un restaurante, bar y club conocido por un ambiente algo ostentoso.
Vistas preciosas, estatuas bonitas, arquitectura elegante; para mí, el puente más fotogénico de París.