El café, ese producto que una inmensa mayoría de nosotros consume en el desayuno, después de una buena comida o a cualquier hora del día, crece en los cuatro puntos cardinales del globo, en regiones donde la altitud y la temperatura lo permiten.
En Colombia, la zona cafetera (conocida como Eje Cafetero) se sitúa a medio camino entre las tres ciudades más grandes del país (Bogotá, Medellín y Cali). Se concentra en tres departamentos y se está convirtiendo en un destino turístico imprescindible, al mismo nivel que la costa caribeña, para todo aquel que pisa el país.

Las guías de viaje sobre Colombia rebosan anécdotas y recomendaciones sobre la región cafetera, pero hoy vamos a detenernos en un pequeño pueblo situado al sur del Quindío: Pijao, que no aparece en ninguna guía (¡lo hemos comprobado!).
Pijao debe su nombre a la época de la colonización española, cuando los colonos llamaron a los habitantes de la zona «Pinaos», ya que estos iban completamente desnudos y mostraban su atributo más llamativo (Pinao proviene de la palabra «pene»). Históricamente, los indígenas Pinaos eran guerreros considerados aterradores por todos aquellos que se enfrentaban a ellos. Más recientemente, durante el siglo XX, el pueblo estuvo en «zona roja» y ocupado por la guerrilla. Hoy, tras el acuerdo de paz firmado entre el gobierno colombiano y las FARC, el pueblo es mucho más tranquilo, pero atrae la codicia de empresas transnacionales que desean desarrollar numerosos proyectos mineros, ya que las tierras rebosan oro, plata, cobre y hasta cobalto (24 proyectos en total, según cuentan los habitantes). Los vecinos se opusieron a estos planes a través de una consulta popular donde el "No a la Mina" ganó con más del 95%... En resumen, hay que entender que la región de Pijao siempre ha sido objeto de deseo.
Dicho esto, ¡el pueblo respira tranquilidad! Encontrarás toda la autenticidad del eje cafetero a través de su arquitectura, su gastronomía, su ambiente y sus productos agrícolas, lejos del turismo de masas y de las tiendas de recuerdos. De hecho, los habitantes buscan desarrollar un turismo consciente que respete ciertas condiciones:
- Los viajeros que pasan por Pijao deben quedarse al menos una noche para compartir con la población y ayudar al desarrollo económico local. A los habitantes no les gusta ver gente que llega en autobús, hace dos o tres fotos y se marcha a los diez minutos.
- Las casas no pueden venderse a extranjeros para preservar la autenticidad del pueblo y evitar que broten hostales y tiendas turísticas en cada esquina.
- El pueblo fue el primero en América Latina en unirse al movimiento internacional CittaSlow, cuyo objetivo es aplicar los conceptos de la ecogastronomía a la vida cotidiana. Se te invitará a moverte en bicicleta, a comer local y sin productos químicos, etcétera.
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Para llegar al pueblo, tendrás que subir durante unos quince minutos desde la carretera principal Calarcá - Caicedonia (si planeas llegar en autobús, es preferible tomar un transporte desde la terminal de Armenia; cuenta con unos cuarenta minutos).
A tu llegada, dirígete a la plaza principal. Hay un hostal frente a la iglesia: el Plaza Hostal, regentado por Doña Consuelo. Si es tu primer encuentro en el pueblo, no te equivoques, te enamorarás al instante del lugar. Consuelo podrá explicarte la historia del pueblo, llevarte a los mejores restaurantes y bares locales, pero sobre todo, podrá ofrecerte una habitación con unas vistas inmejorables a la plaza. Desde el Plaza Hostal, estarás en primera fila para sentir el ambiente nocturno o asistir al mercado que tiene lugar todos los sábados.

A pocos metros del hotel, en una de las cuatro esquinas de la plaza, podrás ir a desayunar al Café Luqman, donde las mesas son tableros de ajedrez gigantes en los que podrás jugar con algún habitante local.
Consuelo te propondrá varias excursiones, y hay para todos los gustos:
- Un paseo a caballo o en moto por las alturas de Pijao. Podrás pasear con un guía y una montura que se adapte a ti.
- Una salida en Willys (los famosos Jeeps) al Páramo que domina Pijao (donde podrás descubrir palmas de cera, como las que se encuentran en el conocido Valle de Cocora, más al norte). Calcula 8 horas de Jeep (ida y vuelta), con un conductor que te contará los pequeños secretos de la región.

- Una excursión a una finca cafetera para conocer de cerca el proceso de producción. Te recomiendo especialmente la finca La Granada, regentada por Don Jesús y Doña Luz Marina, donde el cultivo de café orgánico se combina con el de plátanos (calcula unas cuatro horas de excursión, con posibilidad de comer allí).

Es difícil elegir, ¡y precisamente por eso mucha gente decide quedarse varios días en Pijao! La gente es encantadora y su arquitectura se ha conservado a la perfección. En 1999, la región sufrió un terrible terremoto que destruyó la mitad del pueblo. Los habitantes de Pijao se pusieron manos a la obra y reconstruyeron el pueblo respetando su arquitectura original.

Aquí tienes algunas recomendaciones para tu estancia en Pijao:
¿Dónde dormir? Hostal Plaza (en la plaza principal del pueblo) - Calcula unos 35 000 COP por persona.
¿Dónde comer? Alrededor de la plaza, a lo largo del río - Calcula unos 20 000 COP por persona con una buena cerveza.
¿Dónde tomar un café? En Luqman Café (en la plaza) o directamente en las fincas productoras.
¿Dónde encontrar objetos típicos de la región? En la Casa de los Recuerdos (esquina de la Carrera 6 con Calle 8).
¿Dónde descubrir la historia de los indígenas Pinaos? En la Alcaldía, en la plaza del pueblo.
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