Zúrich en pocas palabras
Lejos de su imagen de ciudad volcada exclusivamente en los bancos y las boutiques de lujo, Zúrich es un lugar muy agradable, ideal para visitar durante un fin de semana. La ciudad goza de un casco antiguo con mucho encanto y una ubicación privilegiada, entre el lago y las montañas.
Historia, gastronomía y arte
El casco antiguo de Zúrich es la prioridad en cualquier visita. Se divide en dos partes separadas por el río Limmat. En la orilla derecha, destaca de inmediato la imponente catedral Grossmünster, de estilo neogótico, con sus dos torres que dominan el perfil urbano. En la orilla izquierda, puedes recorrer las callejuelas medievales de Schipfe, admirar las casas de época con fachadas ornamentadas y visitar pequeñas tiendas de artesanía. La iglesia Fraumünster merece una parada por sus vidrieras, obra de Marc Chagall y Augusto Giacometti (primo del famoso escultor). Por su parte, la esplanada de Lindenhof, con sus 90 tilos, ofrece una perspectiva excelente de la ciudad a vista de pájaro.
Esta zona es también el lugar perfecto para degustar una fondue de queso muy contundente en un restaurante tradicional. Los amantes del gruyère, el vacherin y el appenzell disfrutarán de lo lindo. Los más golosos cerrarán la comida con una degustación de los emblemáticos chocolates suizos. La confitería Sprüngli es probablemente la más famosa de Zúrich y quizás de toda Suiza. Después, puedes bajar la comida acercándote a los Baños Termales o visitando alguno de los numerosos museos de la ciudad. El Museo Nacional Suizo alberga una gran colección de objetos históricos helvéticos y el Museo de Bellas Artes es conocido por su riqueza, con obras que van desde el siglo XVIII hasta la actualidad. Otros museos son más curiosos, como el Museo del Fútbol de la FIFA o el de Arte Digital.
Una ciudad privilegiada por la naturaleza
Más allá del brillo de las tiendas y el bullicio de las calles, Zúrich encarna perfectamente la belleza natural de Suiza. La ciudad se asienta a orillas de un lago de 42 kilómetros de largo, muy valorado por los habitantes locales para bañarse. Un paseo de 3 kilómetros junto al agua hace las delicias de quienes pasean los domingos y de los corredores. También es posible navegar por el lago, por ejemplo en un minicrucero. Si viajas a Zúrich en noviembre, no te pierdas la Expovina, una feria de vinos que se celebra directamente a bordo de los barcos. Quienes buscan aire puro y montaña reservan al menos un día para descubrir los Alpes suizos. Hay decenas de senderos para excursionistas, pero los menos deportistas pueden conformarse con subir al Uetliberg (869 metros) a pie o en funicular.
Cuándo ir
Lo ideal es viajar a Zúrich de junio a agosto para aprovechar los días soleados. Los meses de noviembre a marzo son los más fríos, aunque las temperaturas no suelen desplomarse excesivamente en esta ciudad.
Cómo llegar
Un billete de avión de ida y vuelta desde París a Zúrich cuesta unos 120 EUR, con una duración de vuelo de 1h 20 minutos sin escalas. También es posible tomar un tren desde la capital francesa; en 4h 20 minutos estarás en tu destino. Si vives en Estrasburgo, ten en cuenta que Zúrich está a solo 2h 30 minutos en coche.
Si buscas una ciudad accesible incluso para presupuestos ajustados, mejor busca en otro lado.
Zúrich rebosa, sin embargo, de puntos fuertes, una calidad de vida realmente buena, parques, lagos, muchos espacios verdes... todo ello en una ciudad dinámica y económicamente próspera.
Y precisamente, basta con sentarse unos minutos en un banco y observar el desfile de Porsche, Audi, Mercedes y otras Ferrari para convencerse de que el nivel de vida aquí es muy elevado. Para terminar de convencerte, siéntate en la terraza de un café, ¡leer los precios de la carta debería aclararlo todo!
En cualquier caso, que disfruten de su estancia los más adinerados :)