Visitar el Parque Nacional Sangay
El Parque Nacional Sangay abarca, en sus 502 105 hectáreas, toda la variedad de ecosistemas que puedes encontrar en Ecuador. Esta diversidad es la razón por la que la UNESCO inscribió una parte de su territorio (272 000 hectáreas) en la lista del patrimonio mundial en 1983.
El Parque Nacional Sangay
El parque cuenta con hábitats muy diferenciados, algo lógico al considerar que sus altitudes oscilan entre 900 m y 5319 m. Las cumbres están dominadas por 3 volcanes que superan los 5000 metros. El Altar, el Tungurahua y el Sangay son los protagonistas del parque y, además, los dos últimos se mantienen activos. El Sangay es incluso uno de los volcanes más activos del planeta.
El parque incluye también una extensa red de humedales que agrupa más de 320 lagos en una superficie de apenas 32 km², lo que permite que numerosas especies prosperen. Contiene asimismo las praderas más amplias de Ecuador, aunque la presión de la ganadería amenaza este frágil ecosistema.
Las cenizas volcánicas confieren al terreno unas características particulares, fertilizando los alrededores y permitiendo que crezcan especies poco comunes. Se estima que en el parque habitan más de 3000 especies de plantas y, dadas las condiciones inusuales de la zona, una gran parte de ellas son endémicas.
Si la flora es excepcional, la fauna no se queda atrás. Según los censos, que resultan complejos de realizar, se contabilizan 107 especies de mamíferos, 430 de aves, 33 de anfibios, 14 de reptiles y 17 de peces. En un área tan delimitada, tal riqueza biológica es poco común. Especialmente porque especies amenazadas como el tapir de montaña, el oso de anteojos y el oso hormiguero gigante han encontrado aquí su refugio.
Un recorrido por el corazón de una naturaleza imponente y preservada.
Este Parque Nacional se ha habilitado alrededor del volcán que lleva el mismo nombre. Dominando el horizonte, no podrán perderse el Sangay y sus 5230 metros. Hay caminatas con guía que te llevan por etapas hasta la cima. Reserven una buena semana, prepárense para las agujetas y las ampollas en los pies, aclimátense a la altitud, pero el esfuerzo merece la pena. Las vistas despejadas que tendrán de los paisajes naturales, los encuentros con la fauna local, ¡qué recuerdos tan buenos!