El faro olvidado del norte de Ibiza
En un promontorio de la costa noreste de Ibiza, allí donde la isla da la espalda a las multitudes de Sant Antoni y de Ibiza, se alzan los muros de un faro apagado. Encendido en 1870 y abandonado en 1914, el Faro de Punta Grossa ya no alumbra a nadie: su torre en ruinas sigue señalando un tramo de costa salvaje, entre acantilados calcáreos y pinares achicados por el viento marino. Pocos guías hablan de él, y ese es precisamente todo su encanto.
¿Por qué visitar el Faro de Punta Grossa?
Este faro no figura entre los monumentos más llamativos de Ibiza. No tiene la fama del faro de Botafoc a la entrada del puerto, ni la arquitectura cuidada de otros edificios insulares. Su valor se encuentra en otra parte: en el aislamiento del lugar y en el panorama que ofrece sobre el canal que separa Ibiza del islote de Tagomago, cuya silueta alargada cierra el horizonte. Fue precisamente ese vecino quien le quitó la luz: al poco tiempo de la inauguración se comprobó que el emplazamiento de Punta Grossa no era el idóneo, así que se levantó un faro nuevo en el islote de Tagomago, en servicio desde diciembre de 1914.
Es un rincón pensado para quienes buscan alejarse del turismo de playa convencional. Se acude menos por el edificio en sí que por la experiencia del camino que conduce hasta allí y por la tranquilidad absoluta del promontorio.
Un sitio menos accesible de lo que parece
La Punta Grossa se sitúa en la costa noreste de la isla, en una zona poco urbanizada donde las carreteras asfaltadas dejan paso rápidamente a los caminos de tierra. La llegada al faro se realiza por norma general a pie, sobre un suelo irregular y a veces cubierto de matorrales según la época del año. No hay ninguna infraestructura turística en los alrededores: ni aparcamiento acondicionado, ni cartelería detallada, ni comercios cercanos. El edificio es una ruina: a la torre ya no se puede subir y los muros que la rodean están muy deteriorados, de modo que solo cabe contemplarlo desde fuera.
Consejo de amigo: acércate al atardecer. La luz rasante sobre los acantilados y la paz del entorno convierten la visita en un recuerdo mucho más intenso que a mediodía, cuando el sol aplana por completo el relieve.
Lo que esconde el paisaje circundante
Más allá del faro, lo que de verdad deja huella es la geografía bruta del entorno: una costa recortada, calas inaccesibles en coche y una vegetación mediterránea baja que sufre el castigo de los vientos dominantes. Los aficionados a las aves marinas y a la fotografía de paisajes encuentran aquí un terreno mucho más estimulante que en los miradores habituales del sur insular.
Adecuado para
- Senderistas en busca de un paraje aislado y poco concurrido
- Apasionados de la fotografía de costa salvaje
Menos adecuado para
- Visitantes que busquen un monumento accesible en coche con servicios
- Personas con movilidad reducida, debido al terreno abrupto
Horarios
El Faro de Punta Grossa es una ruina histórica, apagada desde 1914, que no está abierta al público. No cuenta con horario de apertura y su interior no se puede visitar. El lugar solo es accesible a través de una ruta de senderismo para contemplarlo desde el exterior.
Cuánto dura esta actividad
Prevé unas 3h a 4h para la ida y vuelta a pie desde el pueblo de Sant Vicent de sa Cala, ya que el sendero es exigente.
Para llegar hasta el faro, te espera un paseo magnífico que dura unos 40 minutos. Durante todo el camino tienes unas vistas increíbles al mar y a los alrededores. Eso sí, lleva buen calzado aunque el camino es muy accesible. No hay ninguna dificultad importante, salvo que sufras de vértigo.