Vista desde lejos, vestida de blanco con algunos toques dorados, la gran mezquita resulta sobria y depurada, a la vez que majestuosa con sus numerosas cúpulas y torres.
De cerca, uno se da cuenta de q…
Vista desde lejos, vestida de blanco con algunos toques dorados, la gran mezquita resulta sobria y depurada, a la vez que majestuosa con sus numerosas cúpulas y torres.
De cerca, uno se da cuenta de que algunas paredes están cubiertas de arabescos y, al entrar, el blanco deja paso a mármoles multicolores, lámparas brillantes y una decoración mucho más rica.
La visita merece la pena.
Algunas observaciones: queridos caballeros, eviten llevar pantalones cortos para la visita; queridas damas, eviten llevar descubiertas las piernas y los hombros. Pero que no cunda el pánico, la organización presta lo necesario para cubrirse antes de entrar si hace falta, ¡no os echarán para atrás!
Otra sorpresa,…
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