Presentación del establecimiento
Categoría de alojamiento
Résidence hôtelière
Si pensabas que la época merovingia era cosa del pasado, una estancia en Les Îles de Clovis, dentro del Puy du Fou, te hará cambiar de opinión al instante. Con sus cabañas sobre pilotes, entramados de madera y techos de paja, este hotel, el más acuático del parque (inaugurado en abril de 2010), recrea con fidelidad el modo de vida medieval y garantiza una experiencia de desconexión total.
Las habitaciones del establecimiento no hacen más que confirmar esta inmersión. Su estilo rústico, con lavabos de granito, camas de roble, colchas que imitan pieles de animales y mobiliario de madera, te traslada directamente al primer milenio. No obstante, no tendrás que alumbrarte con velas ni encender leña para entrar en calor: todas las habitaciones, de una superficie de 26 m2, cuentan con las comodidades del siglo XXI, como Wi-Fi gratuito y televisión con canales por cable, para asegurar una estancia acogedora. El establecimiento dispone de 50 cabañas y ofrece habitaciones para 4 o 5 personas, además de unidades adaptadas para personas con movilidad reducida.
En cuanto a la gastronomía, no tendrás que pescar tu propia cena en ninguno de los 9 estanques que rodean el complejo, poblados por miles de carpas. Aquí, los peces no están para el consumo, sino que han sido seleccionados cuidadosamente para devorar las larvas de mosquito. Los huéspedes solo tienen que dirigirse al Banquet de Mérovée, el restaurante situado en el edificio principal de Les Îles de Clovis, para disfrutar de un desayuno buffet libre o de una cena, también tipo buffet, con una amplia selección de entrantes, platos y postres regionales. Todo ello en un ambiente 100 % galo, donde un bar abierto al exterior permite tomar una última copa al son de los grillos y las ranas que abundan en este poblado lacustre.
Horario de recepción
Servicios e instalaciones del establecimiento
Servicios y equipamiento de las habitaciones
*Información y tarifas orientativas sujetas a cambios.
Casas sobre pilotes, con todas las comodidades modernas. Sin embargo, el efecto sorpresa pasa rápido. Al final, se disfruta bastante poco del entorno. Quizás hubieran hecho falta casas más aisladas, con terrazas sin vecinos a la vista, para sentir la inmersión.